Saturday, 23 February 2008

LA HABITACIÓN 323

- Por cierto, ¿podría decirme si hay un hotel o algún sitio para dormir cerca de aquí?
- Sí, un motel, a unos 45 ó 50 kilómetros de aquí, dirección Burgos.
- Tome, quédese con el cambio.

A esas horas de la noche con la tormenta que estaba cayendo lo mejor era parar y descansar en el motel que el dependiente de la gasolinera le había indicado. Apenas recorridos 4 ó 5 kilómetros…

- Pero… ¿no me había dicho 45 ó 50 kilómetros?... Bueno, que más da.

Jesús había llegado a un antiguo motel de carretera, el San Nicolás. El edificio tenía tres plantas. Sobre la entrada un parpadeante letrero luminoso con el nombre del motel y una flecha que indicaba la puerta de entrada.

- Hola… Hola… ¿Oiga?... Hola, buenas noches, quería una habitación, por favor.

El recepcionista con gesto serio se dio la vuelta y de un viejo cajetín cogió una llave, la llave de la habitación 323…

- Muy bien, ¿por donde?

Aquel hombre simplemente señaló con el dedo a las escaleras y sin mediar palabra se dio la vuelta y desapareció por donde había venido.

- Qué simpático el tío. Aunque, bueno, el lugar no invita a muchas alegrías.

Su habitación estaba al final de un largo pasillo. Jesús entró en la habitación y dejó la bolsa de viaje sobre la cama.

- Oh!! Menuda suite. A ver que tenemos por aquí…

Después de echar un vistazo al baño y volver a la habitación, su bolsa estaba en el suelo, la puerta de la habitación estaba abierta…

- ¿Qué ha sido eso?

Jesús se asomó al pasillo…

- Será posible…

Al final del mismo pudo ver a un niño de unos 6 ó 7 años de espaldas a él que repetidamente tiraba una pequeña pelota contra la pared…

- Eh, chaval! Deja ya la pelotita… ¿No me oyes, chaval?

El pequeño no respondía.

- Lo que faltaba…

La luz del pasillo al igual que la del todo el edificio se apagó… La pelota dejó de sonar. Jesús volvió a la habitación. Casi a tientas e iluminado por la poca luz que se colaba por la ventana, cogió su mechero y al ir a encender una vela que había en el aparador de la entrada…

-Enciéndete… vamos… ¡¡¡Enciéndete!!!... Aaaaahhhhh!!!!

Uno de los chispazos del mechero en apenas medio segundo iluminó algo sobrecogedor… la cabeza de un pálido niño que asomaba al otro lado de la cama.
Jesús quedó paralizado, presa de los temblores y escalofríos que aquella imagen había provocado en todo su cuerpo.
La vela, que antes Jesús no había podido encender, prendió sola. El niño se incorporó muy lentamente. Era el pequeño que había visto jugar con la pelota en el pasillo. Aterrado pudo ver que aquella figura no tenía manos, que las cuencas de sus ojos estaban vacías. La espeluznante aparición avanzó muy despacio hacia Jesús atravesando la cama como si allí no hubiera nada.
Sin perder de vista la fantasmagórica criatura, Jesús caminaba hacia atrás. Casi a tientas cogió las llaves de su coche y decidió salir de allí a toda prisa…

- ¿Qué ocurre ahora?

La puerta no se abría y el niño avanzaba y avanzaba hacia él…

- ¡Ábrete! ¡¡¡Ábrete!!!

De una patada tiró la puerta abajo. A oscuras atravesó el largo pasillo como pudo hasta llegar a las escaleras… bajaba los escalones de tres en tres… y al llegar a la planta baja… detrás del mostrador estaba el recepcionista mirándole fijamente. Horrorizado pudo ver que aquel hombre no tenía piernas, su tronco flotaba en el aire…

- ¡¡¡¡Nooooo!!!!... Tengo que salir de este maldito lugar
-
Jesús, casi en estado de shock, salió del motel, se montó en el coche y desapareció de allí a toda velocidad…

En Noviembre de 1976, José Manuel Sánchez, recepcionista del Motel San Nicolás, se quitó la vida de un disparo en la cabeza después de protagonizar un macabro y fatal suceso que hizo que apenas un mes después el motel cerrara sus puertas para siempre. Pasaba la media noche, José Manuel, completamente embriagado, descargó toda su ira contra Daniel Martín, un inocente niño de 7 años al que estranguló con sus propias manos. Daniel únicamente jugaba con una pelota en el pasillo de la tercera planta mientras esperaba a sus padres… Los tres se hospedaban en la
HABITACIÓN 323.

Friday, 25 May 2007

NOCHES DE SOLEDAD

Había encontrado trabajo en otra ciudad, así que alquilé un tercer piso en un edificio de viviendas cercano a mi oficina. Una noche, disfrutando de mi buscada soledad, me asomé a la terraza con la intención de fumar tranquilamente uno de los últimos pitillos que quedaban en el paquete. Serían sobre las tres de la mañana, cuando entre calada y calada, me pareció descubrir una silueta en el parque que se situaba justo debajo de mi edificio. No había nadie en la calle y bajo las farolas, todavía iluminadas, apareció una niña de corta edad, calculé que tendría sobre seis o siete años, cabellos rubios y un vestido blanco. De pronto, alzó la vista y me vio, abrió su pequeña manita y me saludó con sus pequeños dedos bien abiertos. De pronto se metió entre unos árboles y desapareció. Intenté ver si la acompañaba algún adulto porque obviamente aquellas no eran horas para que una niña de esa edad pasease por un lugar tan inhóspito. No le di más importancia y me dispuse a dormir.

Al día siguiente, a la vuelta del trabajo observé una esquela en mi portal. Un hombre joven, sin duda. La portera me informó que había fallecido pese a su gran fama de deportista. Apenas le conocía, así que lamenté la muerte del vecino y me dispuse a dormir.

La semana siguiente volví a asomarme a la terraza, necesitaba dejar de fumar porque aquellas noches de soledad invitaban a lo contrario. De pronto volví a ver a la niña. Estaba correteando sola con el mismo vestido blanco. Se paró, alzó la vista y me saludó, me hizo la señal de la victoria con sus pequeños deditos. De pronto, empezó a correr y volvió a desaparecer. No encontraba explicación para que una niña de esa edad estuviera sola en ese parque. Pensé en informar de ello a la policía, pero tal vez fuera la hija de algún hostelero cercano, ¿quién sabe? Hay padres para todos los gustos.

A la tarde siguiente, repitiendo mi monótono subsistir de oficinista, volví a ver una esquela en mi portal. Una chica de apenas 22 años había fallecido. Lamenté la mala suerte junto a mi portera. De pronto, me fijé en un dato: Piso 2do izquierda. Pregunté con un nudo en la garganta a la vieja portera en que piso vivía el joven deportista que había fallecido la semana anterior. Me respondió todavía entre sollozos que vivía en el quinto piso. Subí corriendo a mi piso con un sudor frío. Pura coincidencia, me dije o tal vez no. Sólo sabía que aquella niña, me había indicado con sus cinco dedos la primera vez y con sus dos deditos la segunda el piso en el que al día siguiente moría uno de sus inquilinos.

Estuve dos meses sin salir a la terraza de noche, no quería volver a encontrarme con aquella niña extraña. Sin embargo, una noche de verano sobre las cuatro de la madrugada me asomé. No había nadie como siempre y, de pronto ella apareció, se rió, me miró y levantó su pequeña manita con tres deditos extendidos. No había duda, era mi piso. Volví a acostarme, cerré puertas y persianas y cruelmente rezaba para que mi viejo vecino muriese. Era cruel y absurdo, pero no me quitaba a aquella niña de la cabeza. De pronto, en la total oscuridad de mi habitación y con la radio como única acompañante, escuché un ruido seco en el pasillo, salí y la oscuridad lo cubría todo. Quise encender la luz pero una pequeña luz blanca al final del largo pasillo me cegó. De pronto la vi, sonriéndome con su vestido blanco y sus tirabuzones rubios. Empezó a andar hacia mí, comencé a chillar diciéndole que no se acercase. Se paró y me volvió a sonreír y levantó su manita y sólo me dijo que hoy me tocaba a mí. Le pregunté quién era con mi voz entrecortada y sólo respondió: “La persona que hará finalizar la monotonía de tu triste vida”.

THE TOWER

My family and I arrived in this fishing town from the capital city two months ago. There was no other option, because of my dad’s job. We arrived in the middle of the summer and I can say that it was the most boring summer in my short life. I only took a stroll along the beach and visited the new neighbours’ houses.

But winter came and so did school. My school was an old building in the city centre. The city centre had a lot of houses which were crowned by a watchtower. This is typical of many fishing towns.
One morning I went to my school and one of these watchtowers attracted my attention. The tower was especially old and dark and its windows were almost off their hinges.
Every day I stared at the tower and asked myself what secret this tower could have, because I was sure that this tower held a secret. But the years went by and I could not find out the tower’s secret… I was already 13 years old and one day I saw something inside the tower; it was like a shadow… a couple of mysterious eyes which kept looking at me. Those eyes were staring at me and nobody seemed to notice.
The secret of the tower was only mine and I was the only one who could solve the mystery. I tried to find out details about the house and learned that the families who had lived there left the house shortly after. And the last tenant, a lonely man, had disappeared a long time ago.

One night I woke up startled. I had seen those eyes in my dreams. I had to face that obsession; I had to go to the tower…
I don’t remember a lot about that night… I don’t remember how I was able to enter the tower… I only remember the vision of those eyes.

Many years went by and now I can only remember vaguely the living room, the spider’s webs, and the smell of damp, the creaking of the stairs… and how I was possessed by that being.
Now, I look through the window of the tower and I just wait for other innocent eyes to stare at mine… or aren’t these really my eyes?

ALIBI

“Good evening!”- A voice resounded in my room. A man stood next to my bed. He was wearing a grey suit and black gloves. In his right hand he was holding a big knife. “The knife is clean, my family is safe”- I thought. He said: “I have cleaned it”. Then he had used it.

I was frightened. “What have you done with my family?”- I asked him.
“Your father… Your father tried to be a hero… This is very easy. One should do as I say and the one who disobeys me dies. What will you do? Yes… I think you will obey me”.
Then he told me: “Follow me!”

On the double bed my father lay stabbed. In the corridor there was the corpse of my sister. And my mother?
“Where is my mother? – I asked him.
He answered me: “Your mother is dead too, but before she died, I told her to write the name of the person she loved the most with her blood. This has saved you”.
My name was written on the wall.

The man gave the knife and left. I stayed there thinking: “My mother has saved me, my mother loves me”.

Suddenly, a click sounded, the policeman turned off the tape-recorder and stood up saying: “This is the most ridiculous alibi that I have ever heard”.